The Last Story (8,9)

Estándar

Edición y Texto by José Altozano ‘Fuyuhoshi’
Locución by Julen Zaballa

En 1987 Square, al borde de la bancarrota, lanzó el que muchos pensaban que sería su último juego, Final Fantasy. El tiempo ha reconocido la maestría de esta saga estandarte del JRPG, y su creador, Hironobu Sakaguchi, es un autor que goza de reconocimiento en la industria y que desde Mistwalker ha decidido continuar su camino para narrar el ocaso de otra aventura con The Last Story.

La trama comienza in media res para ponernos en la piel de Zael, un joven mercenario que se gana la vida a duras penas junto con sus compañeros y alberga la esperanza de ser algún día caballero para huir de su vida miserable. Su llegada a la ciudad de Lázulis, marcada por la obtención de un extraño poder que imbuye a Zael, presenta una esperanza para el grupo cuando consiguen llamar la atención del propio conde.

A partir de ahí comienza una historia que desafía el concepto de la épica tradicional del JRPG para en su lugar centrarse más en la trama palaciega y las relaciones entre sus personajes. The Last Story no es un Final Fantasy, no es el viaje de un grupo de héroes que acuden a salvar el mundo de una amenaza universal.

Es la historia de un conflicto, sus causas y sus bandos, y especialmente la vida de Zael, que se pierde a si mismo en el mundo de la nobleza donde, como es habitual, la traición y el engaño están a la orden del día. El argumento, de carácter muy episódico, pinta un mundo amargo y gris donde la aventura no es un deseo y no hay placer u honor en la muerte, y logra romper las expectativas del jugador constantemente sobre el futuro desarrollo de la historia para mantener su frescura.

El juego continúa tantas tradiciones del JRPG como las subvierte, y mientras que ofrece una historia lineal que tarda varias horas en arrancar o unos personajes de pasados trágicos y que comienzan como clichés para luego definirse, saca de la épica a sus personajes para situarles en una guerra amarga y reconstruye el ascenso al poder y la ambición. En su contra tiene una trama que no supera las 17 horas y que por tanto impide profundizar en muchos de sus dilemas o personajes, un retrato irregular de un mundo que se presenta como gris para acabar convirtiéndolo en la tradicional historia de héroes contra villanos, una trama política manida que por momentos roza el ridículo, la figura de un narrador que se antoja innecesaria y redundante o una historia romántica predecible y desaprovechada.

Siguiendo la filosofía japonesa, The Last Story pone mayor interés en el nudo que en el desenlace,y logra disociarse del común denominador gracias a su tratamiento de la lealtad y el retrato del distanciamiento de un grupo de amigos y de la soledad que se vive en la cima del mundo.

Esto lo acompaña un diseño estilizado, reminiscente de la fantasía de juegos como Soul Calibur o Everquest y exhibiendo una paleta menos colorida para transmitir el pretendido cinismo de su historia. The last story es muy irregular visualmente, y si bien su diseño es excelente, su entorno gráfico muestra unos modelados que no pasan de correctos y unas texturas pobres y muy mejorables.

Si Mario Galaxy es testigo del potencial gráfico de la consola, The Last Story lo es de sus límites, y aunque efectos como el desenfoque, el bloom o los rayos de luz añadan calidad a su entorno visual, el vacío de sus escenarios poco orgánicos, la limitada expresividad de sus personajes y sobre todo su incapacidad para soportar las batallas que el propio juego introduce hacen de lastre.

Ni siquiera las escasas CGs logran acercarse a la impresión que por ejemplo nueve años atrás inspirase Final Fantasy X, y es habitual, en especial a partir de la segunda mitad del juego, ver un lag constante en unas peleas que llegan a ser masivas, transformando una acción que debería ser rápida y dinámica en unos combates desesperantes donde no se sabe dónde se está ni qué se está haciendo.

Estas peleas se desarrollan en tiempo real y generalmente desde la única perspectiva de Zael. La acción es vertiginosa, bien pensada y atractiva, pero en un sentido estricto es poco profunda. Luchar es tan simple como dirigir el stick hacia el enemigo deseado, y aunque los personajes poseen ataques especiales nunca se llega a tener variedad suficiente como para hacer del ocasional uno contra uno algo interesante.

Además, este juego muestra el cómo el control de la cámara es difícil en un tercera persona en la Wii, y si bien el juego implementa un sistema de fijación de objetivo como el Kingdom Hearts, ninguno de los muchos tutoriales explican esto, lo cual hace que gran parte del juego se esté pulsando constantemente el botón para redirigir la cámara. La magia juega un rol distinto, y desaparecida la barra de maná a favor de unos hechizos que llevan tiempo en conjurarse, el juego ofrece un sistema de área de efecto donde los conjuros, tras impactar, imbuyen con su elemento las armas de los jugadores para que ganen fuerza. A pesar de que haya un sistema de debilidades elementales, este nunca llega a ser determinante en las peleas, y la estrategia general suele ser atacar con todo lo que se tiene cuando el enemigo es vulnerable, dando ocasionalmente unas sencillas órdenes a los aliados.

El misterioso poder de Zael le permite llamar la atención de todos los enemigos, lo que ayuda a hacer de los combates más profundos al tener que saber cuándo atraer la atención y cuándo pasar desapercibido. Además, el juego integra la cobertura que popularizó el Gears of War, aunque su uso nunca llega a ser realmente útil o necesario. Conocedor de la superficialidad de sus peleas, The Last Story compensa este hecho con sus jefes finales, que aprovechan los distintos aspectos del sistema de combate para hacer peleas que vayan más allá del golpear sin más.

Esto lo acompaña una excelente banda sonora de la mano del reputado Nobuo Uematsu, que si bien no ofrece su magnum opus con esta obra, sí que logra con acierto composiciones donde pianos intimistas, violines emotivos u orquestas épicas se suceden para crear un paisaje sonoro que, si bien procura no alejarse de lo clásico, ofrece una gran calidad.

The Last Story no es un nuevo Final Fantasy, al igual que no lo fueron Lost Oddissey ni Blue Dragon. Es una obra que demuestra que no todo está dicho en el JRPG. Si bien no logra la perfección en ninguno de sus aspectos, el atrevimiento y la subversión de su trama, el diseño amargo y apagado de su mundo y la atractiva sencillez de su sistema de combate lo avalan como un juego distinto que no se conforma con fórmulas.

(Publicado el 16 de marzo de 2012 en el portal GameProTV.com)
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