SimCity 2000, ser alcalde nunca fue tan divertido

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Si gestionar los dineros de cada uno y la economía familiar suele ser una auténtica tortura, imaginaros, queridos lectores, tener que llevar a buen puerto toda una ciudad, especialmente en la actual situación financiera. Este es el punto de partida de ‘SimCity 2000’, un simulador de creación y gestión urbana que convierte el jugador en un todopoderoso alcalde.

El juego es la segunda parte del trabajo lanzado originalmente en el año 1987 de la mano de Will Wright, responsable de los archiconocidos Los Sims, que creó un nuevo género en el que el jugador adopta el rol de un ente situado más allá del bien y del mal. Una especie de deidad virtual en el que todas las acciones tienen repercusión. En este caso el usuario no será un dios pero casi, ya que se convertirá en el máximo edil de un municipio con el único objetivo de convertirlo en una impresionante megalopolis.

En un primer momento ‘SimCity 2000’ traslada al jugador a un terreno totalmente vacío de construcciones, con su propia orografía y recursos naturales. El objetivo del titulo de Will Wright es diseñar una ciudad rentable y sostenible en el tiempo. Con 10.000 dólares a fondo perdido en el bolsillo, el jugador deberá seleccionar las zonas donde se construirán las futuras viviendas, los comercios y las empresas.

Pero los ciudadanos pronto comenzarán a demandar al ayuntamiento diversas infraestructuras como carreteras, una red eléctrica estable, agua potable, transporte y servicios públicos para que su vida diaria sea más satisfactoria. Sin embargo, estos elementos no solo tienen un coste de construcción sino que el jugador tendrá que calcular el gasto de mantenimiento en los años venideros.

Todos este desembolso se sufragará a través de los impuestos a los ciudadanos. Cuanta mejor sea su calidad de vida mejor para las arcas públicas. Si la caja se resiente, los servicios comenzarán a fallar y aumentará el descontento social. Por eso es muy importante tomar las decisiones con calma y no embarcarse en una aventura derrochadora construyendo infraestructuras duplicadas o innecesarias que, a la larga, pueden pasar factura.

En ‘SimCity 2000’ hay que tener en cuenta hasta el último detalle y no descuidar los niveles de polución o el índice de criminalidad que afectan al valor de los barrios e, indirectamente, en los ingresos de la ciudad. El ayuntamiento puede ayudar a ajustar estos parámetros a través de construcciones adicionales. Una comisaría de policía que mantiene a los cacos lejos del vecindario o un parque de bomberos para disminuir el porcentaje de incendios en la zona, son dos de los ejemplos más claros.

Si además de todos estos factores le sumamos la posibilidad de que, en ocasiones, la ciudad puede sufrir una serie de desastres naturales la cosa se complica por momentos. Un consistorio endeudado hasta las cejas no tendrá salvación y caerá como un castillo de naipes.

Pero mientras el jugador se dedica a ejercer de máximo mandatario la ciudad, ajena a todo, continuará a su ritmo. Los días, meses y años virtuales se irán reflejando en la evolución de los barrios, en la apertura o cierre de comercios o la puesta en marcha de fábricas que crearán nuevos puestos de trabajo y demandarán más viviendas y tiendas.

Con sus decisiones, el jugador de ‘SimCity 2000’ toma parte y es testigo directo de esa vida creada a través de la pantalla del ordenador.

(Artículo publicado originalmente en el número uno de Magazine UFO)
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